Está claro que hacer una buena Educación Sexual con nuestras hijas y nuestros hijos es la mejor prevención que podemos hacer.

Para ello, podemos empezar desde bien pequeños a explicarles la diferencia que hay entre estos 4 conceptos: público, privado, íntimo y prohibido que, como vamos a ver a continuación, están interrelacionados entre sí. Por su puesto, no lo explicaremos a todos los y las oyentes por igual, sino que adaptaremos nuestro lenguaje en función de las capacidades y necesidades de quien tengamos delante.

Es fundamental que sepan desde pequeños qué cosas se hacen en público y cuáles en privado, como por ejemplo, hacer pis, cambiarnos de ropa, contar algo que pertenece a nuestra intimidad… Para ello, lo más importante es que seamos nosotros quienes prediquemos con el ejemplo, no sólo con lo que hacemos para con nosotros puesto que somos su modelo a seguir -al menos en las primeras edades; en la adolescencia puede que la cosa cambie un poco…- sino con lo que hacemos para con ellos.

Desde lo más sencillo, como puede ser cerrar la puerta cuando les acompañemos al baño o no contestarles a preguntas que nos realicen pertenecientes a su intimidad en cualquier lugar, independientemente de quien haya delante, sino hacerles conscientes de que ese puede que no sea el momento ni el lugar adecuado. En ese momento les haremos conscientes de la situación y les diremos que les contestaremos después, cuando sea más oportuno, de forma que les estaremos transmitamos la importancia que tiene hablar de determinadas cosas que pertenecen a su intimidad.

Hasta respetarles cuando no quieren tener una muestra de cariño con alguna persona, es decir, no obliguemos a los niños a dar besos. Si queremos que sean capaces de decir no, de determinar a quien le ceden espacio de su intimidad; si queremos que tengan claro que no todo el mundo puede ni debe tener acceso a su cuerpo, que entiendan la diferencia que existe en las diferentes formas de relacionarnos dependiendo del contexto y la persona con quien estemos; si queremos enseñarles el respeto hacia uno mismo y hacia los demás… ¿No os parece contradictorio que, sin embargo, desde que son bien pequeños les obligamos a dar besos? Quizá no nos damos cuenta de lo que implica ese «simple» gesto tan socialmente aceptado y común.

Igual de importante es explicarles la diferencia entre íntimo y prohibido. Que algo pertenezca a nuestra intimidad no significa que esté mal hacerlo, sino que debemos hacerlo cuando estemos en un lugar más privado. El mejor ejemplo que hay para explicar esto, y que suele traer a los papás y las mamás de cabeza, son los famosos «tocamientos». Desde bien pequeños, los niños y las niñas pueden comenzar a explorar sus genitales y está bien que lo hagan, forman parte de su cuerpo y los están descubriendo, al igual que ocurre con los pies, por ejemplo, en una fase mucho más temprana. Se tocan porque les produce placer, sin más. Es importante que recordemos que no debemos poner significado de adulto en la mirada de un niño. Y no es hasta la pubertad o la adolescencia cuando ocurre el cambio, cuando comienzan a dejar de ser niños y niñas y empiezan a ponerle un sentido de adulto a sus actos.

Por tanto, decirles frases como: eso no se hace, no, quita esa mano… puede confundirles haciéndoles creer que está mal. Por el contrario, si les decimos cosas como: aquí no, este no es el momento, cuando estés en tu cuarto o, si son más pequeños y estamos en una situación en la que nos incomoda, podemos solucionarlo simplemente dándoles un juguete que capte su atención, conseguiremos que no lo perciban como algo malo o prohibido, sino como algo que pertenece a su intimidad, dándole el valor que ésta tiene.

En definitiva, lo mejor que podemos hacer es ser más conscientes de nuestros actos y palabras del día a día, ya que en éstos se basa la mayor parte de la educación -en general y sexual en particular- de nuestros hijos e hijas, así como de los valores que les queremos transmitir.

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