La leche materna es el primer alimento natural de los niños, proporciona toda la energía y los nutrientes que necesitan durante sus primeros meses de vida y sigue aportándoles al menos la mitad de sus necesidades nutricionales durante la segunda mitad del primer año. Es decir, a lo largo de todo el primer año, y a pesar que al rededor de los 6 meses se comience con la alimentación complementaria, la leche seguirá siendo su fuente de alimento principal y hasta un tercio durante el segundo año de vida.

La leche materna promueve el desarrollo sensorial y cognitivo, además de proteger al bebé de enfermedades infecciosas y crónicas gracias a que tiene muchas moléculas y células que poseen un rol defensivo en el organismo. Así pues, la lactancia materna exclusiva reduce la mortalidad infantil por enfermedades de la infancia, como la diarrea o la neumonía, y favorece un pronto restablecimiento en caso de enfermedad.

También contribuye a la salud y el bienestar de la madre, favoreciendo su recuperación. Al realizar el contacto piel con piel con el recién nacido, se experimenta una subida rápida de los niveles de oxitocina, conocida como «la hormona del amor», (que también se libera cada vez que tu bebé succiona el pezón durante una toma) y ayuda a:

  • Contraer el útero favoreciendo, así, la expulsión de la placenta, evitando que pierdas demasiada sangre.
  • Ayuda a evitar más pérdidas de sangre o que éstas sean menores durante los días siguientes al parto, haciendo menos probable que se sufra una anemia ferropénica.
  • Tiene un efecto antidepresivo, ayudando a sentirse calmada, reducir el estrés y la presión sanguínea, e incluso aumentará el umbral del dolor.
  • Reduce el riesgo de padecer una enfermedad cardíaca y diabetes de tipo 2 a lo largo de la vida.
  • Cada mes extra que des el pecho también reducirá el riesgo de que sufrir diferentes tipos de cáncer, incluyendo el cáncer de mama, ovarios y útero.
  • Ayuda a establecer y reforzar el vínculo de apego con tu bebé: las madres mantienen el contacto visual durante más tiempo, tienen respuestas más rápidas y acarician más a sus bebés.
  • Se ha demostrado que, al menos durante los primeros meses de vida, las madres que amamantan duermen durante más tiempo ya que no tienen que levantarse a preparar el biberón en cada toma, ni siquiera han de levantarse de la cama, por lo que el sueño no se ve tan interrumpido.
  • Ayuda a espaciar los embarazos, ya que suele influir en retrasar la aparición de la menstruación. Frecuentemente, ésta aparece cuando la lactancia materna disminuye en su frecuencia de tomas o finaliza definitivamente.

La lactancia materna incrementa los recursos de la familia y el país, puesto que no supone ningún coste. Además, es una manera segura de alimentar a los bebés (y esto es muy importante para la población sin o con pocos recursos).

Por último, y no por ello menos importante, resulta inocua para el medio ambiente, ya que no genera residuo alguno.

Seguro que, a pesar de haber escrito esta larga lista, aun me se me escapa algún beneficio por aportar. Estaría encantada que aportaras contenido desde tu experiencia.

¡Viva la lactancia materna!

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