Estoy segura de que a menudo habéis escuchado frases como «no lo cojas tanto en brazos» o «lo mimas demasiado», frases que os han hecho cuestionaros si lo estáis haciendo bien o no en esto del criar. Una vez más, sin querer o no, potencian esas inseguridades que podemos tener como madres y padres, más aun si además somos primerizos.

Pues bien, he de decir que nada más lejos de la realidad. En primer lugar hay que distinguir mimar de malcriar, entendiendo mimar como una acción de dar afecto y cariño, al contrario de malcriar que sería educar mal a los niños. Una vez hecho esta distinción podemos hablar del porqué de la importancia de mimar a nuestros bebés, ya que va a influir directamente en el tipo de vínculo de apego que establezcamos con ellos.

¿Por qué es tan importante establecer un buen vínculo de apego con nuestros hijos e hijas? Para contestar a esta pregunta, tenemos que hablar de John Bowlby y su Teoría del Apego.

John Bowlby (psiquiatra y psicoanalista del s.XX) estudió el apego en los niños y, en si Teoría del Apego, llegó las conclusiones que resumo a continuación:

  • Los niños están programados biológicamente para formar vínculos con los demás.
  • Tanto el miedo a los extraños como el apego hacia la madre se tratarían de un instinto de supervivencia y protección.
  • La presencia de la figura de apego les aporta la seguridad que necesitan para explorar el mundo que les rodea.
  • Cuando esto no ocurre, aparecerán miedos e inseguridades que influirán en su manera de interpretar el mundo y de relacionarse.
  • El estilo de apego durante la infancia, puede ser visible en la etapa adulta.

Además, diferenció entre dos tipos de apego: seguro e inseguro. Y dentro de este segundo apartado describió 3 subtipos:

  • Apego seguro: se da cuando el cuidador principal del niño le proporciona seguridad, se preocupa en entender y responder a todas sus necesidades, estableciendo una comunicación y un contacto con el menor que le hace sabedor de que no le va a fallar, siente su incondicionalidad. Son niños que sienten validadas sus emociones y se sienten seguros para relacionarse con el mundo que les rodea. De adultos serán personas independientes, sin miedo a unirse a otras personas de una forma más íntima y tampoco sufrirán miedo al abandono.
  • Apego ansioso ambivalente: sucede cuando los cuidadores a veces están y otras no, lo que produce en el niño una desconfianza y una sensación de inseguridad constante. De adultos podrían tener una sensación de temor a que su pareja no los quieran o no los deseen, lo que daría lugar a una dependencia emocional.
  • Apego evitativo: los niños que tienen este tipo de apego son conscientes de que no pueden contar con sus cuidadores y eso les provoca sufrimiento. De adultos, esto dará lugar a un rechazo a la intimidad con otras personas y muchas dificultades en su relación.
  • Apego desorganizado: este es una mezcla de los 2 anteriores, sería el opuesto al apego seguro, ya que en este caso los cuidadores han tenido conductas negligentes o inseguras hacia el niño, provocando en el niño desconfianza e incluso miedo hacia la figura del cuidador. De adultos serán personas que no se sentirán queridas teniendo contradicciones permanentes en su relación con los demás puesto que dan a entender su rechazo absoluto, a pesar de que en realidad es lo que más desean.

Después de haber visto un poco más en detalle en qué consiste cada tipo de apego, ¿con cuál te quedas para educar a tus hijos? Yo lo veo bastante claro. Ahora bien, ¿cuáles son las claves para establecer este vínculo de apego seguro con nuestros peques? Pues se pueden resumir básicamente en dos:

  • Estar atentos para identificar sus necesidades y poder cubrirlas. Y cuando digo necesidades no hago referencia solo a higiene, alimentación y sueño, sus necesidades emocionales serán, si cabe, más importantes. Esto lo haremos a través del contacto y el cariño, de las caricias, las miradas, los abrazos, las palabras, los bailes, los juegos…
  • Cuidarnos a nosotros mismos puesto que con esto enseñamos lo importante que es cuidarse y mimarse uno mismo y el respeto que debemos tener hacia nuestra propia persona, además, nuestro bienestar influirá directamente en nuestro comportamiento hacia ellos: cuanto mejor nos sintamos, mejor será la calidad de nuestra respuesta en general, para con ellos en particular.

Así que, a partir de ahora, si volvéis a oír a alguien diciéndoos alguna de las frases que comentaba al principio, podéis sentiros tranquilas y tranquilos de que lo que estáis haciendo es lo mejor que podéis hacer porque MIMAR NO ES MALCRIAR.

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