Estoy segura que, al leer el título de este post, ya habéis pensado en alguna de esas rutinas o momentos del día que se repiten a diario o casi a diario y que os cuesta mucho gestionar desde la calma.

Mi propósito es que, mediante las claves que os voy a explicar a continuación, consigáis hacer más llevadera esta situación estresante de la que hablamos, incluso puede que hasta logréis disfrutarla. Posteriormente y con la intención de que quede todo más claro, añadiré un ejemplo de una situación real.

Vamos a ver paso a paso qué hacer para conseguir ese cambio:

  • Lo primero y fundamental es detectar cuál es esa rutina, ese momento del día que nos produce mucho estrés y que nos gustaría cambiar. Puede que, al hacer esta reflexión, nos demos cuenta de que hay varios, pero para empezar seleccionamos solo uno de ellos, el que más angustia, frustración o estrés nos produzca.
  • Analizaremos qué ocurre detalladamente y cuál o cuáles son los motivos por los que hemos seleccionado ese momento del día.
  • Pensaremos en los cambios que se podrían realizar para conseguir una mejora, ya sea cambios en la estrategia, es decir, en la forma de hacer o en el contexto en el que nos situamos cuando ocurre. Para ello, si ya has probado muchas cosas diferentes y no te ha funcionado, puedes pedir ayuda. A veces, cuando se ven las cosas desde fuera, nos permite tener una perspectiva diferente.
  • Si ya lo has probado todo y nada te funciona, has pedido ayuda, has hecho mil cambios diferentes y nada. Deja de frustrarte y de pensar que algo no estás haciendo bien y asume que “ eso es lo que hay” y acéptalo. Cuando hacemos ese cambio, nos enfrentamos de una forma diferente a la situación, con menos frustración y más calma y esto hace que repercuta directamente en el niño o la niña puesto que, si estamos nerviosos les vamos a transmite nuestros nervios y la situación probablemente irá a pero, pero si estamos tranquilos los que les vamos a transmitir es calma y, muy probablemente, la situación mejore. Incluso puede darse el caso de que lo que antes era una situación estresante y de conflicto, se convierta en un momento de disfrute para ambos.
  • Aunque hayamos conseguido hacer ese cambio de chip, habrá días en los que nos sintamos desbordados, más irascibles y, por tanto, nuestra paciencia será mucho más fácil de agotar. Está bien que reconozcamos esos días y, si podemos y contamos con otras personas en casa como puede ser nuestra pareja, pidamos ayuda, lo verbalicemos y digamos “hoy no me siento capaz de enfrentarme a esta situación”, sin sentiré culpable porque: no pasa nada.

Ahora vamos con el ejemplo…

Mi hija tiene muchas cosas buenas, muchísimas y disfruto mucho a su lado. Pero hay un momento en el día que hasta hace unas semanas, que hice ese cambio de chip del que os he hablado más arriba, se me hacía cuesta arriba, y era el momento de dormirse por la noche. Muchas de vosotras al leerme diréis: si sólo es eso no sé de qué te quejas, la niña es pequeña -tiene 20meses- y es normal que le cueste conciliar el sueño, el sueño de los niños es así… Y tenéis razón probablemente, y seguro que hay cosas muchísimo peores pero os estoy contando lo que a mí me estresa, que no tiene por qué ser lo mismo para todos. Al igual que habrá cosas que a vosotros os produzca malestar y yo no las vea para tanto. No estamos aquí para juzgarnos.

Pues bien, tras mucho darle vueltas a lo mismo, leer muchos libros, consultar a especialistas, tener una rutina para irse a dormir tranquila a la misma hora, cuidando la luz, la temperatura…que le procure una higiene de sueño, acostándome a su lado (seguimos haciendo colecho), ofreciéndole la teta…. no he conseguido que se duerma pronto. De hecho, hay días que ha tardado en dormirse hasta 2horas, que se dice pronto.

Reconozco que cuando llegaba el final de la tarde, mi predisposición no era buena, adelantando acontecimientos y empezando a agobiarme, deseando que terminase todo cuanto antes.

Un día decidí cambiar el chip y darme cuenta que esto no va a ser para siempre, llegará el día que mi hija no me necesite para dormir y puede que entonces lo eche de menos. Así que, procurando seguir con la rutina de sueño que mejor le va y teniendo todas las variables en cuenta, he aceptado que a mi hija le cuesta dormirse.

Puedo decir que ahora hasta consigo disfrutar de ese ratico nuestro en la cama y me encanta verla cómo se duerme. Últimamente, hasta se duerme en menos tiempo, si bien, su hora no se la quita nadie.

A pesar de que he conseguido que ese momento de acostarla deje de suponer un problema, soy consciente que habrá días en los que me sienta menos capaz de mantener la calma y conseguir ese disfrute del que antes hablaba. Esos días lo reconoceré y pediré ayuda, será papá quien la acompañe a la hora de dormir, y no pasa nada.

Espero haberos, al menos, hecho reflexionar y animaros a intentar conseguir ese cambio. Me encantaría leer vuestras opiniones al respecto.

Y, ya sabéis, ¡a hacer bonica vuestra maternidad!

Categories: Blog Maternidad

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